
El libro recuerda “Cuando Arno llegó a la escuela con su padre, las clases ya habían comenzado.” Aino Pervik Traducido al castellano por Para descargarlo en PDF pulsa aquí ¡Los esperamos! |

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"A las mamás nos gusta reconstruir momentos importantes de la vida de nuestros hijos. Es lo que yo llamo "guardar memoria". Resulta muy placentero poder contarle a tu hijo más adelante aquello que tal vez de otra manera no recordarían. Guardar un regalo suyo, sea un mechón de pelo, una carta, el cordón umbilical, o una simple foto, son cosas que hacen a la identidad, porque todo lo que tiene que ver con la historia de cada uno hace a la identidad de las personas y nos hace diferente a los otros. Una madre da testimonio de esa historia cuando guarda alguno de esos verdaderos tesoros. de alguna forma, cuando los chicos empiezan a crecer, son ellos los que comienzan a escribir su propia historia. Otra cosa que las madres hacemos es contar anécdotas de un momento dado. A veces una palabra graciosa o un chiste son lindos recuerdos y también hacen a la identidad de nuestros hijos. Son un clásico las cosas concretas como por ejemplo un chupete que ayuda a mantener aquellos recuerdos que la cabeza no puede guardar. Un simple chupete te remite a una etapa o momento de la vida único e irrepetible".Por María Cecilia MarinoLic. en psicopedagogía-Revista Para Tí.
Tomado del Blog Mi libroteka
¿Te imaginas ver ese libro dentro de diez años? ¡Será un verdadero tesoro!

Ilustración: Vicky RamosJuegoEl solestá jugando con la lunay cuando aparecieron las estrellasse fueron a dormirValerie, 3 añosIlustración: Sarah BrannenMarineros
Me gustan los marineroshacen tantas cosasinflan las velaslas echan al vientoy el barco navegaSiul, 6 añosIlustración: Mathew FingerHora de salidaLa luna sale a la unaes su hora del recreoSaraid, 4 años

Year of the Rabbit from Frater on Vimeo.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes.
Un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?»
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad.»
Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar.»
Y dice ella: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté.»
Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver.»
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí.»
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

